
Este ciclo de cuatro películas rinde homenaje al director español
El ciclo Edgar Neville, formado por cuatro destacados títulos de la filmografía del cineasta madrileño, constituyó la actividad inaugural del OUFF 2026 a la vez que anuncio de la publicación del libro El cine de Edgar Neville. Casticismo y modernidad, dirigido por José Luis Castro de Paz y Casimiro Torreiro Gómez.
El ciclo se desarrolló en el Campus de Ourense de la Universidade de Vigo, en el Salón de Grados Vicente Risco del Edificio de Ferro.
Ciclo Edgar Neville
Quién fue Edgar Neville
Nacido el 28 de diciembre de 1899, Edgar Neville, Conde de Berlanga de Duero, será una de las personalidades más singulares del panorama artístico español de la primera mitad del siglo XX y, sin duda, uno de los cineastas más originales y personales de la historia del cine español. Cosmopolita, miembro de la denominada la «Otra Generación del 27» —la de los «humoristas», reunidos algunos en torno a la revista La Codorniz, fundada por Miguel Mihura en 1941—, su obra es capaz de combinar, en singular armonía, la influencia vanguardista de Ramón Gómez de la Serna con la visión regeneracionista de su también amigo José Ortega y Gasset, y todo ello sobre la base del castizo mundo costumbrista del sainete, aun sin olvidar su formación en Hollywood a comienzos del sonoro.
Así, por ejemplo, en La torre de los siete jorobados (1944) convivirán elementos sainetescos con otros procedentes de la novela detectivesca, pero también rasgos que, en feliz mestizaje, provienen en línea directa del expresionismo cinematográfico alemán (elementos fantásticos en la trama, fotografía en claroscuro, talante caligaresco de los decorados…).
Esta operación se prolongará en otros dos títulos que pueden agruparse con el anterior en una trilogía inconfesa: Domingo de carnaval (1945) y El crimen de la calle de Bordadores (1946), sorprendentes cruces entre la castiza reconstrucción madrileñista y ciertos elementos del género policiaco. En medio, y después de esta tríada de obras maestras, otros títulos de igual calado, como la comedia, a la vez costumbrista, sofisticada y fantástica, de La vida en un hilo, (1945; la oscura adaptación de la novela de Carmen Laforet Nada (1947), o la nostálgica y deliciosa El último caballo (1950), junto a otras películas siempre interesantes que culminan con Mi calle (1960), su testamento fílmico.




